Reglas de oro de la honestidad intelectual

¿Cómo reconocer a una persona no totalitaria? ¿Cómo distinguir una verdadera conversación destinada a encontrar la verdad de un mero diálogo de sordos en lo que únicamente importa es hacer gala del poder propio y sofocar al contrario?  Las claves son las que siguen:

1. Definir los términos sobre los que se va a tratar. Si es sobre la libertad, definir primero qué es la libertad. Si es sobre el matrimonio, definir primero qué es el matrimonio. Una pista para ello: el significado original etimológico ayuda.

2. Seguir el argumento hasta el final. Si un argumento lleva a decir que no hay verdades, sino que todo es relativo, habrá que deducir de ello que esta misma afirmación también es relativa, por lo que tal argumentación no es cierta. Siempre llegar hasta la desembocadura de lo que se afirma.

3. Evitar las falacias ajenas al método científico. He aquí una lista de las que más se oyen:

– Falacia ad hominem o al hombre:  “Es falso que dos más dos sean cuatro, porque lo ha dicho un criminal”.

– Falacia quoque o falacia de inconsistencia: “No es bueno poner los cuernos a tu mujer porque crea menor inversión parental en los hijos”, se argumenta que “Eso es falso, porque tú pones los cuernos a tu mujer”.

– Falacia ad populum o de población:  “Es falso que dos más dos sean cuatro, porque todo el mundo, menos tú, dice que son 5”.

-Falacia non sequitur: es aquella que la conclusión no se saca de las premisas, sino que se realiza un engaño retórico, mezclando las premisas.  “Si estoy en casa de Alina, estoy en Madrid. Estoy en Madrid, por lo tanto estoy en casa de Alina” (podría estar en Madrid, y en el Pirulí de RTVE, el Zoo, el Retiro, etc…).

-Falacia de petición de principio o petitio principii: la conclusión está en la premisa. “Todo lo que existe es la materia. Dios no es material. Por lo tanto, Dios no existe”

-Falacia del hombre de paja: poner en la boca algo que no he dicho. “Los esclavos negros fueron mejor tratados que los esclavos irlandeses”, “Tú estás a favor de la esclavitud, eres un esclavista. Por lo tanto, no tienes razón”.

-Falacia de afirmación del consecuente/Negación del antecedente: “Si llueve, la calle se moja. La calle está mojada, por lo tanto llueve”.

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4. Evitar la emisión de juicios sobre hechos fantasiosos y anacronismos históricos. Esto es una generalidad. Alguién que dice “¡Qué malos eran los nazis!” tras leer la novela o ver la película el “El Niño con el pijama de rayas”, emite un juicio sobre un hecho fantasioso. Cuando se condena a los romanos por los martirios cristianos en el circo, se realiza un juicio anacrónico histórico.

5. Y, lo más importante: la creencia en que existe una verdad objetiva y la misma tiene una importancia vital. Si creemos que todo es relativo, no creemos en la existencia de una verdad, por lo que nunca se llegará a un punto de vista común, quedándose la conversación en una tour de force de propaganda.

Si todo esto se cumple, hablo, porque estoy con un igual. Si no se cumple una de estas premisas, abandono el “fair play”, y voy directamente al uso de la retórica o, directamente, al silencio. Esta segunda opción es la más común.

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