La Guerra contra Dios es una guerra contra la realidad

“Hace un par de semanas los burócratas de la Unión Europea sorprendieron al mundo con la decisión de prohibir la afirmación de que el consumo regular de agua reduce el riesgo de deshidratación. Cualquiera que afirme tal alegación sobre las botellas de agua podrá ser multado y permanecer en la cárcel hasta dos años.  (…) Mientras que las previas decisiones fueron hechas de acuerdo a caprichos pasajeros -y, posteriormente rechazadas por las críticas y ridículo público-, esta vez fueron basadas en un estudio de tres años y varias reuniones de 21 grandes científicos, organizadas y pagadas por la Unión Europea. (…)

Los medios europeos reaccionaron con un ridículo vitriólico. Algunos políticos conservadores no pudieron resistir comentar la estupidez y falta de sentido común de la élite burócrata socialista-liberal. Los productores de agua embotellada prometieron luchar contra la ley en las cortes de justicia. Grupos de interés afirmaron de que la ley está motivada por los intereses financieros y económicos de la élite de Bruselas.

Pero, sería un error creer que tal ley es simplemente un producto de la estupidez, la falta de sentido común, la “equivocación”, o intereses espurios. Mientras que tales conclusiones podrían parecer ser naturales, se olvida el hecho de que los burócratas en Bruselas no son necesariamente las criaturas más estúpidas de este mundo; si acaso, algunos de ellos son bastante inteligentes. Tampoco se puede olvidar el hecho de que grandes científicos han participado en la decisión. Y, mientras que los intereses son a menudo un importante factor para las decisiones burocráticas, en este caso no juegan ningún papel. Nadie espera una redirección masiva de los consumidores porque una mera palabra de sabiduría práctica no esté impresa en la etiqueta. Image result for bottle of water label forbidden hydration

La razón de la decisión debe buscarse en alguna otra parte. Como en el resto de las cosas, debe buscarse en el compromiso religioso de los burócratas de Bruselas. Por supuesto, ellos conocían que las conclusiones del “estudio científico” de tres años eran estúpidas, y que estaban enfrentadas las mismas con la realidad. Por supuesto, ellos conocían que serían ridiculizadas por todo aquel que aún posea una mínima porción de sentido común. Y, aún así, la decisión fue tomada, contra toda realidad, contra toda esperada indignación pública, contra el ridículo y críticas de la prensa.

Tal tenacidad no puede explicarse basándose en la estupidez. Sólo puede explicarse en consonancia al fervor religioso. Los burócratas tienen una religión que pone en un lugar más alto las demandas sobre ellos que la opinión pública, la realidad, el sentido común, o la reputación personal.

Pero, para entender el compromiso religioso como motivación, tenemos que irnos un poco atrás en la historia.

En 1770, Voltaire con 76 años publicó su más curioso pero menos conocido trabajo. Fue un carta poema de respuesta titulada Epístola al autor del libro los tres impostores. Era una réplica al libro del autor anónimo, El tratado de los tres impostores, el cuál circulaba en Francia durante aquel tiempo. La historia de El Tratado es larga y se sumerge en los momentos históricos de la Francia del siglo XVIII, así que no gastaremos tiempo ni espacio en hacer una recensión de ella aquí. El libro fue una obra de ateísmo radical denunciando cualquier creencia en dios alguno, y defendía el ateísmo militante y la oposición a la fé en un ser transcendental o sobrenatural. En los años 1750, el libro se hubo convertido en un éxito entre la élite intelectual de Francia. Dada la enorme influencia de Voltaire y su guerra infatigable  intelectual contra la Cristiandad y la Iglesia, era algo tomado como obvio que la popularidad del libro era debido, parcialmente, a la popularidad de Voltaire y sus posiciones contra la Cristiandad. Después de todo, por su genio insuperable y la cualidad soberbia de sus escritos, él casi individualmente cambió los paradigmas intelectuales reinantes en Francia. Incluso en su tiempo, los ateos -pocos y alejados en aquel tiempo- le admiraban como su campeón. Había también rumores que Voltaire a sí mismo podría haber sido el autor del Tratado en sus años jóvenes.

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Voltaire

Voltaire, el último crítico sano de la Cristiandad que ha caminado la Tierra, decidió desafiar al panfleto anónimo. Él odiaba a la Cristiandad vengativamente, y esto era obvio. Pero, él también era fiel al ideal de la “razón”, o a la construcción de un mundo de orden, libertad, y justicia. No pocas veces en su vida, dejaría a un lado su odio y miraría al cristianismo por lo que realmente era, más allá de las imperfecciones del clero romano dominante en la Francia de aquel tiempo. Intentándolo lo más duramente que pudo, fue incapaz de ver cómo los hombres racionales podrían definir la ética, la moralidad, la estética, los valores, e incluso la realidad sin Dios. Unas pocas veces, antes de escribir la Epístola, utilizó la frase, Si Dios no existió, nosotros lo hubiéramos inventado. No era una frase vacía, ni tampoco cháchara sin importancia, como sus admiradores ateos modernos intentan desesperadamente probar. Se tomo tan seriamente el problema que escribió a un amigo raramente estoy satisfecho de mis palabras, pero confieso que tengo cariño de padre sobre estas. Voltaire hablaba totalmente en serio. Él sabía que una vez eliminado Dios de la ecuación, no había bases para ningún orden, razón, o ética. Él a sí mismo intentó imaginar tal mundo, y no pudo. Así que, mientras que podría haber sido tentado en convertirse en un ateo radical, rechazando la existencia de cualquier dios, su razón le llevó a adoptar una posición menos radical anticristiana: el deísmo. No había Dios, no había razón. Voltaire deseaba la razón; así que tenía que aceptar la existencia de Dios, incluso si sólo fuera por el propósito de mantenerse juicioso y razonable.

La respuesta de Voltaire no mantiene ningún parecido con sus previos trabajos. Desaparecida la ironía brillante, desaparecida casi la mágica habilidad para transmitir ideas de una manera indirecta; la despreocupada philosophie con una sutil sonrisa y un estilo relajado ya es inexistente. En la Epístola, el estilo de Voltaire puede ser comparado con el de un mazo intelectual sobre la cabeza del pobre autor anónimo. Voltaire le señala lo obvio: no habría ningún sistema ético, no habría libertad ni seguridad ni esperanza de justicia sino fuera por al existencia de Dios:

My cabaña está llena de lagartos y ratas;

Pero el arquitecto existe, y cualquier que lo niegue

está alcanzado por la locura bajo la apariencia de sabiduría…

Este sistema sublime es necesario para el hombre.

La primera fundación de la sagrada justicia, 

El freno de los malvados, la esperanza de los justos.

Si los cielos, desnudos de su noble imprenta,

Podría alguna vez cesar de atestar su existencia, 

si Dios no existe, sería necesario inventarlo.

Dejemos al hombre sabio anunciarlo, y a los reyes temerlo.

Reyes, si me oprimís, si vuestras eminencias desdeñan

las lágrimas de los inocentes causadas por vosotros, 

mi vengador estará en los cielos; aprended a temblar. 

Tal es, al menos, el fruto de un credo útil.

Y, entonces, Voltaire se pregunta: ¿Qué fruto se puede esperar si Dios desaparece?

Pero tú, lógico incorrecto, cuya triste estupidez 

osa tranquilizarlos en el camino del crimen, 

¿Qué fruto esperas cosechas de tus finos argumentos?

¿Serán tus hijos más obedientes a tu voz?

¿Tus amigos, en tiempos de necesidad, más útiles y confiables?

¿Tu mujer más honesta? y tu nuevo inquilino, 

Por no creer en Dios, ¿Te pagará mejor?

¡Ay! Dejémos intacta la creencia humana del miedo y la esperanza.

(Nota del traductor: posteriormente, en el poema, también cargará contra los vicios de la Iglesia mundana, en vez de ejemplo espiritual)

No hay sopresa de que este poema de Voltaire es el menos conocido entre sus trabajos hoy; el ateo moderno rechaza incluso mencionarlo, e incluso los profesores de Literatura Francesa en las universidades debidamente se olvidan de revelar su existencia a sus estudiantes. En varios versos, Voltaire, el compinche de los connoisseurs de filosofía, completamente destruyendo la argumentación para el ateísmo y defendiendo el del Cristianismo mejor que la mayoría de los cristianos de su tiempo. De hecho, dado el hecho de que Voltaire realizó una conexión entre la fé en Dios y los valores sociales de la justicia, libertad, la fidelidad marital y la integridad familiar, la honestidad económica, que incluso la mayoría de los cristianos hoy no hacen, ¡Él defendió la posición creyente mejor que el 90 por ciento de los sacerdotes modernos!

Voltaire tuvo sólo un fallo en su excursus . Su propio odio hacia Dios fue suavizado por su honesto deseo de mantener la razón, el sentido, el orden, las restricciones éticas, y la visión de la realidad que la fé cristiana produjo. Él pensó que todos los hombres serían como él, fieles a la razón, al orden, a la ética, y a la realidad. Pero, estaba equivocado. Él era único en su habilidad para mantener su cordura incluso en su odio hacia Dios. Ningún otro después de fue capaz de hacerlo.  (Nota del traductor: esos dadivosos adjetivos hacia Voltaire, hoy, están en tela de juicio)

Mientras que él estaba escribiendo su poema, a 200 millas al sur del lugar dónde habitaba, otro francés comenzó a escribir un libro que cambiaría las asunciones de Voltaire sobre la razón y motivación humana. El Marqués de Sade, coherente con su rebelión contra Dios, llegó a la conclusión de que la guerra del hombre contra Dios no llegaría a su fin hasta que el primero hubiera desarrollado su propio sistema de reglas éticas opuesto totalmente al expuesto en la Biblia. No era suficiente tener un sistema que recordara a la moralidad cristiana y que sólo declarara al hombre como autor; incluso la existencia de tal sistema ético sería un testimonio de la existencia y soberanía de Dios. Por lo tanto, para establecer la centralidad de la razón y ética del Hombre contra la razón y ética de Dios, el testimonio de Dios en la razón y la ética debe ser destruído por el Hombre adoptando su propio sistema de razón y ética en oposición al de Dios. Como consecuencia, la brutalidad sexual De Sade contra las personas más débiles que él: fue deliberada, un intento del hombre de negar a Dios como su soberanía para establecer su propio sistema ético, completamente opuesto a Dios y su sistema ético.

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Sade en el manicomio de Chareton

De Sade fue mucho más intelectualmente consistente que Voltaire. Irónicamente, estuvo confinado en psiquiátricos la mayor parte de su vida por locura; mientras que Voltaire ha sido glorificado como una de las grandes mentes de la Edad de la Razón. Este es el dilema para a un no cristiano: estar sano e intelectualmente inconsistente, o consistente y desequilibrado. (Nota del Autor: De Sade, sólo fue sacado del psiquiátrico por la chusma subversiva francesa. Rápidamente, por sus abusos, maltratos y pensamiento, sería hecho diputado en la Asamblea Nacional por la extrema izquierda de la época, los jacobinos.)

 

La controversia no finalizó con la muerte de Sade; ni tampoco el dilema. Un siglo después de la muerte de Sade, Nietzsche atacó a la “inconsistencia inglesa” de George Eliot, como Joel McDurmon muestra en su artículo, “Cuando los ateos son valientes”. Otra vez vemos el mismo dilema: Eliot, sano (casi) pero inconsistente, y Nietzsche, casi inhumanamente inconsistente en sus escritos intelectuales, pero trastornado. Eliot, como Voltaire, no podía dejarlo estar debido a su amor por el orden, la razón y la moralidad común; por lo tanto, el repudio de su fé cristiana fue incompleta porque estos mismos principios testificaban a Dios. Nietzsche, como Sade, supo que el Cristianismo era un paquete completo -fé y ética- y, por lo tanto, los echó por la borda a ambos; pero pago el precio de ello: la locura.

Los temores de Voltaire estaban justificados cuando sólo unos años más tarde de su muerte no sólo de Sade, sino la nación entera de Francia se embarcó en una orgía de libertinaje,

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Nietzsche en el manicomio de Jena

robo, asesinato y abuso. Dios fue sacado de las iglesias y reemplazado por la diosa Razón. La diosa no trajo la hermandad del hombre;  sólo se mostró sedienta de sangre, e incluso la sangre de millones no podría satisfacerle pronto. Hitler y Stalin probaron que Voltaire estaba en lo correcto, y que un mundo sin Dios sólo trae la tiranía, la opresión, la pobreza y la desesperanza. Y sangre. Mucha sangre. Sin Dios, no hay “freno para los malvado”,  y “esperanza para los justos”.

Empero, los hombres no aprenden. No importa cuantas veces Voltaire haya estado en lo cierto, la misma idea de que Dios es aborrecible para los hombres cuyos corazones se han rebelado contra él. Y, la mera idea de que la simple razón y moralidad son abominables para ellos porque testifican una autoridad más alta y trascendental; cualquier idea de reglas morales y escrúpulos le dicen al hombre que no él no es la fuente de su propio significado, y vida, y propósito. Sino Dios lo es. Así que las reglas y escrúpulos morales deben ser rechazados, retorcidos, destrozados, para que no haya testimonio que pueda molestar al hombre caído y su cultura. Cada vez más, el mundo ateo se encuentra opuesto a Voltaire y Eliot y su sensatez, y cada vez más está en desacuerdo con de Sade y Nietzsche antes que con ellos. Sin la mano restrictiva de Dios, los hombres salvajemente van a la guerra contra cualquiera que le testifique, incluso si eso significa la propia destrucción y el colapso de su propia civilización.

Cornelius Van Til llamó a esto “autoconsciencia epistemológica”.

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Cornelius Van Til

Hemos hablado sobre la moralidad y los sistemas éticos hastas el momento, como un testimonio de Dios y su soberanía. Pero, su testimonio no está limitado a la esfera moral; está en todo lo que el hombre cree, en la esfera epistemológica también. Justo porque la mera moralidad y ética testifican a Dios, la capacidad del hombre para conocer la realidad y razonar sobre ella testifican al Ser Supremo creador de la mente humana y los principios con los que opera. La propia conexión entre los procesos de la mente humana y la realidad exterior es un misterio para los ateos. ¿Por que somos capaces de observar y entender la realidad? ¿Por qué podemos ser capaces de tener sentido común? ¿Por qué tenemos intuición de lo que es correcto o incorrecto? ¿Por qué nuestras mentes reaccionan a la deshidratación buscando conscientemente agua,  y no, por ejemplo, patatas fritas? ¿ Qué es lo que crea una misteriosa conexión entre nuestros cuerpos y nuestras mentes, y entre el mundo exterior y nuestras mentes? Los ateos no tienen respuesta para ello, más allá de la teoría evolutiva. Pero, la teoría evolutiva nos explica el mecanismo, no la finalidad de todo ello.  Y, este es el misterio del testimonio de Dios. De hecho, el mundo entero, la realidad en torno a nosotros es un testimonio de Dios.

Paul dijo que el hombre obstinado intenta suprimir la verdad en favor de la injusticia. (Romanos 1:18-32).

Por lo tanto, en su guerra contra Dios, deberíamos esperar que el hombre obstinado -y sus instituciones- quienes llevan una guerra contra la mera realidad y contra el sentido común nos hagan captar esa realidad. Para el hombre que afirma su independencia contra Dios, debe rechazar la realidad que Dios ha creado, y buscar nuevas formas de re-crear esa realidad según sus propias reglas, opuestas al sentido común. Si eso significa rechazar toda lógica, entonces el hombre descreído rechazará  toda lógica sólo para afirmar su autonomía. Si esto significa  rechazar todo sentido común, él también lo rechazará. El objetivo final no es el mundo ordenado y ético de Voltaire -para tal mundo se requeriría que Dios gobernara sobre él, como Voltaire razonablemente razonó. El objetivo final es un mundo sin Dios, incluso si esto significa ningún tipo de sentido común, ni lógica, ni orden, ni moralidad, ni significado, ni propósito.

Y, si incluso esto significa que la  simple verdad del sentido común  como la conexión entre el consumo de agua y la deshidratación debe ser rechazada, entonces será rechazada. Y si “la ciencia” necesita ser involucrada, los científicos rechazaran toda racionalidad en su campo, penetrando en el lado del estado ateo contra Dios. Porque  el compromiso religioso del ateísmo siempre triunfa sobre la cordura. La legislación de la Unión Europea es un testimonio de su caída en la locura completa. Justo como lo fue de igual manera en los últimos días del Imperio Romano.”

Traducido: http://americanvision.org/5425/the-war-against-god-is-war-against-reality/

Día 5 de noviembre,

En otro email que ha salido a la luz, se cuenta que Clinton ha realizado rituales satánicos (!!!). Recuérdese, que estos emails, son todos originales:

http://www.elmundo.es/internacional/2016/11/04/581d103a468aeb5e108b45a1.html

 

 

 

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